Segunda parte
Milenaria tradición la del consumo de drogas
- Las guerras mundiales desencadenaron el imperio de las drogas
- Pacto secreto, origen del cultivo y tráfico de droga en el noroeste de México.
Por Mario Martini
Parte II
Abasto para la guerra
La morfina, en honor al dios del sueño Morfeo, fue aislada del opio a principios del siglo XIX por el alemán Fiedrich William Sertüner y pasó a sustituir -con la codeína- al opio en los tratamientos médicos de heridos en la primera guerra mundial.
Por otra parte, el uso de la hoja de coca como estimulante en América es tan antiguo como el uso del alcohol, del opio y del cannabis en el viejo continente y Asia. Se estima que las hojas de coca eran mascadas en la región andina desde aproximadamente 5.000 a.C
Las anfetaminas, al contrario que los alucinógenos, son relativamente nuevas. Se trata de estimulantes que aumentan los niveles de actividad motriz y cognitiva, refuerzan la vigilia, el estado de alerta y la atención y, a menudo, tienen mucha potencia para la euforia. Es un derivado químico de la efedrina, sintetizado por primera vez en 1887 por el químico rumano L. Edeleano, quien llamó al compuesto fenilisopropilamina y utilizada de manera experimental en 1920. La droga fue consumida desde entonces por militares de varias naciones, especialmente de la fuerza aérea, para combatir la fatiga e incrementar la alerta.
La Segunda Guerra Mundial, la más sangrienta de la humanidad con 60 millones de muertos, generalizó el consumo masivo entre los soldados de las naciones en conflicto; existen pruebas documentales que confirman que el ejército estadounidense distribuyó más de 180 millones de pastillas a sus combatientes entre 1939 y 1945.
Pero no solamente se ha utilizado en los conflictos bélicos, sino que también en competencias deportivas para mejorar el rendimiento tanto físico (doping deportivo) como intelectual (doping cognitivo). La distribución indiscriminada del producto, unida al desconocimiento público de los daños colaterales y a la ausencia de un sistema idóneo de fármaco-vigilancia, desencadenó fenómenos de abuso y adicción. En 1971, la anfetamina fue sometida a control internacional en el marco de la Convención Internacional de Psicotrópicos.
Bajo la fachada de perseguir fines científicos y terapéuticos, laboratorios alemanes desarrollaron toda suerte de drogas para el abasto de sus ejércitos. Así, el gigante Bayer –que ahora vende la aspirina- sintetizó la morfina a partir de la amapola, que funcionó de maravilla como analgésico superior y luego avanzó con las metafentaminas, hoy tan de moda entre la juventud del mundo.
En los años 1932 y 1933, el ejército norteamericano había investigado los efectos sociales de la marihuana en la zona del canal de Panamá. El estudio, dirigido por el comandante médico F.J. Siler, concluyó que la planta no suponía amenaza para la disciplina militar, desestimando el problema de la adicción. Las sucesivas guerras en Europa, Corea y Vietnam arrojaron muchas bajas al ejército norteamericano y miles regresaron al país para ser rechazados por una sociedad que los consideraba monstruos de guerra, muchos de ellos mutilados, locos o adictos.
Por su parte, los nazis produjeron en 1944 el “Pervitin”, droga experimental a base de anfetamina pura para combatir la depresión y mantener despiertos a sus soldados. Fue probada, como otros experimentos, en los presos de los campos de concentración. Después de los años 50 fue retirado del mercado, debido a que producía dependencia física, alucinaciones, irritabilidad, taquicardia, ansiedad, etc.
Esta droga “era la última arma secreta de Hitler para ganar una guerra que había perdido hacía tiempo”, asegura el criminólogo alemán Wolf Kemper, autor del libro “Nazis on Speed”, estudio sobre el uso de las drogas en el Tercer Reich. “Cargados de sacos de 20 kilos de peso, los prisioneros podían recorrer en círculo y sin detenerse cerca de 90 kilómetros. Al cabo de 24 horas, la mayoría de ellos estaba al borde del ataque”, señala Odd Nansen, un antiguo preso del campo, citado por Kemper. Los nazis estudiaron aprovisionar con esta droga a las tropas de la “Wehrmacht”, el ejército alemán regular durante el nazismo, un proyecto que nunca llegó a salir adelante a causa del avance de las tropas aliadas. Wolf Kemper subraya que los nazis, que emprendieron una campaña contra el consumo de drogas en 1933, especialmente la cocaína, emplearon desde el comienzo de la guerra la anfetamina Pervitine. Entre abril y diciembre de 1939, 29 millones de estas píldoras fueron entregadas a las tropas nazis.
Una carta angustiosa de un joven soldado alemán a sus padres confirma la adicción que provocaba el Pervitine. Les pide que gestionen de inmediato una nueva dotación de la droga para subsistir en un mundo de terror. El soldado era Henrich Böll, quien sería uno de los escritores más respetados del mundo y premio Nóbel de Literatura en 1972.
En su libro “Mitología del narcotraficante en México”, el especialista Luis Astorga señala: “Por lo menos desde 1878 existía ya una preocupación en México por controlar las denominadas “sustancias peligrosas” (morfina, sus sales y el opio, por ejemplo), y en 1883 se agregó la mariguana a esa lista (…) En 1920, las autoridades sanitarias implantaron la prohibición del cultivo y comercialización de la mariguana, considerada como uno de los productos que “degenera la raza” (… ) El 8 de enero de 1925, el presidente Calles expidió un decreto que derogaba al del 23 de junio de 1923 que fijaba las bases para la importación de opio, morfina, cocaína, etc. En 1926, el Código Sanitario prohibió el cultivo y la comercialización de la mariguana y la adormidera”.
Sin embargo, aliado en la Segunda Guerra Mundial y presionado por Estado Unidos, México derogó los anteriores decretos y suscribió un convenio con el gobierno estadounidense para utilizar tierras en las sierras de Chihuahua, Durango y Sinaloa para sembrar amapola y mariguana.
Muchos años después, surgieron las drogas sintéticas o de diseño, de fácil fabricación y circulación, que constituyen el nuevo desafío para los gobiernos que eligieron el uso de la fuerza para reprimir la producción de drogas, no así su consumo. A diferencia de la tradición indígena del uso de alucinógenos naturales, hoy el consumo está desvinculado de rituales religiosos, mágicos o terapéuticos.
