Quinta Parte
Narcogobiernos Sinaloenses
MARIO MARTINI
V

Hitler
Con la Segunda Guerra en plena intensidad, Hitler dio en 1939 un golpe maestro a los aliados, principalmente al ejército norteamericano, al cortar el suministro de droga y medicamentos a sus ejércitos. Bloqueó a Marruecos y Turquía, productores de goma de opio, materia prima para elaborar medicamentos y drogas de diseño. Ante el bloqueo, el gobierno estadounidense mandó explorar tierras mexicanas que tuvieran el clima propicio para sembrar amapola y mariguana. Los servicios de inteligencia eligieron las sierras limítrofes de Sinaloa, Durango y Chihuahua y recomendaron la firma inmediata de un pacto secreto con el gobierno mexicano desarrollar los cultivos (hasta la fecha no se ha podido obtener prueba documental en los Archivos General de la Nación o de la Defensa Nacional).
De acuerdo al testimonio del sociólogo Raúl Valenzuela Lugo, publicado en el artículo “El cultivo del opio en Badiraguato”, el inicio del conflicto bélico en Europa y la expulsión de los asiáticos fueron factores determinantes para que en 1940 algunos extranjeros llegados de diversas partes del mundo, apoyados por magnates de gran poder económico en la región (y los gobernadores militares de la época, apunte del autor), se dedicaran al cultivo de plantas narcóticas o estupefacientes.
En este contexto ocurrió el asesinato del gobernador Rodolfo T. (Tostado) Loaiza el 21 de febrero de 1944, presuntamente ligado a un grupo de Badiraguato que controlaba la producción de opio y quienes se habrían sentido traicionados por el gobernador.
Sobre el crimen del gobernador de Sinaloa, que en ese tiempo provocó un escándalo político nacional, el investigador Luis Astorga recuperó un artículo periodístico publicado por Luis Spota (Excélsior, 13 de junio de 1944), en el que el periodista cita una fuente que reveló el móvil del crimen: “el declarante elaboró una versión creíble: Loaiza recibió 80 mil pesos que le obsequiaron los traficantes de opio de Sinaloa para asegurarse impunidad y recoger libremente la cosecha de adormidera a principio de año; el gobernador aceptó el dinero sin comprometerse a nada; luego solicitó los servicios de alguna policía capitalina para que arrasara los plantíos, cosa que se hizo (…) los traficantes burlados planearon la venganza, que se ejecutó brutalmente en las primeras horas del 21 de febrero de 1944, durante las fiestas del carnaval mazatleco. Al tiempo que Loaiza caía -y este es un detalle poco conocido-manos misteriosas saquearon su residencia oficial en Culiacán”.
En su defensa, tal vez previendo las consecuencias políticas, el gobernador Loaiza encargó una filmación en 16 milímetros –conocida por el autor- para documentar el momento en que personal del gobierno federal destruye los campos de amapola y desmentir que su gobierno protegía a los traficantes que controlaban el mercado negro de las drogas al amparo del convenio entre los gobiernos de México y Estados Unidos. Tanto él como su jurado enemigo Pablo Macías Valenzuela, entonces comandante de la Tercera Región Militar, se acusaron públicamente de participar en el mercado de la droga y ambos, en su momento, entregaron informes que trascendieron a la prensa, al presidente Manuel Ávila Camacho y al general Lázaro Cárdenas, secretario de la Defensa Nacional.
Sinaloa, ciudad del opio

Amapola
En los primeros días de noviembre de 1947 se anunció un viaje de trabajo de altas autoridades judiciales, militares y de salud a Sinaloa, con el fin de poner en marcha un plan presidencial para combatir a los traficantes de drogas en el noroeste del país. La prensa capitalina publicó rumores escuchados en la PGR según los cuales dos gobernadores norteños estarían “mezclados en el tráfico de enervantes”. El 14 de noviembre de 1947, el periodista Armando Rivas Torres de Excélsior, quien acompañó a los funcionarios en la gira, calificó a la capital sinaloense como “base de operaciones de los contrabandistas de opio”, y anotó que el gobernador Pablo Macías Valenzuela “es señalado por mucha gente como uno de los cabecillas de la banda de traficantes en drogas, cosa que está por probarse”.(Cfr. La Voz de Sinaloa, Culiacán, 8, 10/IX/1947; Excélsior, 8-12, 14/IX/1947).
Últimas Noticias publicó: “Acumulan datos contra el gobernador cabecilla”; “Íntimos colaboradores de Macías vendían el opio”; “Ahora no escapará el gobernador traficante”. Por su parte, el enviado especial Eduardo Téllez V., de El Universal, escribió que en Sinaloa se dice que “políticos de altura, influyentes y hasta aparentes comerciantes e industriales están mezclados en el condenable tráfico”. Y ya desde la capital del país señaló, acerca de Macías, que “extraoficialmente se sabe que es dueño de 4 avionetas en que se ha contrabandeado opio (…), hasta se dice que él personalmente se encarga de entregar la droga enlatada en un lugar de la Baja California”.(Cfr. Ultimas Noticias, 12-15, 17-19/XI, 2, 6, 26/XII/1947; El Universal, 10-18/XI/1947).
De acuerdo al testimonio de testigos y personas allegadas al gobernador Loaiza, el móvil de su asesinato, además del tráfico de enervantes, fue la venganza y el complot político.
El gobernador fue baleado por Rodolfo Valdés Valdés (a) “El Gitano”, pistolero a sueldo de los agricultores del sur de Sinaloa que fueron acosados por el agrarismo cardenista. Luego de entregarse voluntariamente, a casi un año del crimen, el homicida fue trasladado a la ciudad de México y encerrado en la prisión de Santiago Tlatelolco. Dos días después se reunió a solas por más de una hora con el general Lázaro Cárdenas. No negó haber sido el autor material del asesinato y acusó al general Pablo Macías Valenzuela, gobernador sustituto a la muerte de Loaiza, de haberle dado la orden de muerte. Nunca cambió su declaración e incluso entregó la pistola homicida, regalo del general Macías “para cumplir con el encargo”, quien admitió plenamente que se la había regalado al gatillero.
En Mazatlán corría la versión de que el asesinato fue la venganza de la familia de Alfonso Tirado –querido ex presidente municipal de Mazatlán, asesinado en Culiacán en 1938 por el jefe de la policía judicial del gobierno de Loaiza, Alfonso Leyzaola Salazar (a) “La Onza”-.
Por otra parte, en los círculos políticos donde se trataba el tema de la sucesión presidencial se acusaba al general Maximino Ávila Camacho como autor intelectual del crimen. Unas cuantas semanas antes de morir, Loaiza convocó a una reunión de gobernadores del Pacífico para oponerse a la candidatura presidencial de Javier Rojo Gómez, jefe del Departamento del Distrito Federal, respaldada por Maximino Ávila Camacho, impedido a buscarla por ser hermano del presidente. En una reunión secreta, ocurrida de madrugada cerca del Palacio Negro de Lecumberri en la ciudad de México, Maximino trató de convencer a Loaiza de apoyar a “su candidato” y ante la negativa del sinaloense lo amenazó de muerte, según testimonio del chofer y del propio hijo del gobernador, presentes en la reunión.
Crimen organizado, desde entonces
Para repudiar el asesinato de Loaiza, la Comisión Permanente de la XXXIX legislatura del Congreso del Estado, celebrada en Culiacán el 21 de febrero de 1944, acordó enviar una carta al Congreso de la Unión para repudiar el crimen y desde entonces ya se hablaba de crimen organizado:
“Presidente H. Congreso de la Unión.- México, D. F.:
“Las organizaciones revolucionarias que suscriben, ante usted elevan respetuosamente su enérgica protesta por el nefando crimen de que fue víctima el señor coronel Rodolfo T. Loaiza, Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa, en el puerto de Mazatlán en la madrugada de hoy. La trágica muerte de nuestro gobernante señala el desbordamiento del crimen organizado en la región Sur del Estado, no obstante que con mucha frecuencia hemos denunciado ante las autoridades sangrientos hechos suceden diario, pidiendo intervención para que cese acción vandálica de los enemigos de las organizaciones revolucionarias y del progreso, hasta la fecha nada hace hecho para que ley y justicia imperen en una vasta zona territorio Sinaloa. En esta ocasión pedimos señor Presidente República y esa Representación Nacional dictamen medidas caso para que fuerzas federales Ejército Nacional lleven a cabo enérgica batida contra facinerosos dieron muerte coronel Rodolfo T. Loaiza, pues de lo contrario la vida de miles de campesinos y trabajadores corren peligro inminente, y no es difícil augurar para Sinaloa terrible etapa anarquía.
“Por la Federación de Trabajadores de Sinaloa, José Ildefonso Valenzuela.-
Por la Liga de Comunidades Agrarias, José Jiménez.- Por la Sección XV del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza, profesor Juan Macedo López.- Por el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado, Gustavo D. Cañedo.- Por el Comité Coordinador de Trabajadores Federales, Fernando Armiento U.- Por el Partido Comunista, Ignacio Rodríguez F.- Por la Federación Juvenil de Sinaloa, Raúl Gutiérrez, Alfonso Noriega.- Por el Comité de la Defensa Civil, general Napoleón Barrasquedo.- Por el Comité Coordinador Femenil, profesora Velina León de Medina.- Por el Grupo Unificador pro Sección en Sinaloa del S. N. T. E.- Por el Comité Regional del P. R. M., Carlos García Torres, profesor Rafael Alfaro C.”- “Federación Estatal y Organización Popular Sinaloa Secretario General, Leopoldo Sánchez Célis
En 1988 se realizó en Viena la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas. Además de contener la lista de sustancias prohibidas y establecer nuevas y severas directrices con respecto al delito de tráfico de drogas, la Convención incluyó también reglas con respecto al control de las sustancias precursoras y el blanqueo de capitales ilegales. 20 años después, la prohibición ha probado ser un rotundo y sangriento fracaso.
