Cuarta parte

Los chinos trajeron el opio a Mazatlán

MARIO MARTINI

IV

Con la apertura del puerto al comercio internacional en 1820, cientos de extranjeros llegaron a Mazatlán embriagados por sus bellezas naturales y las amplias posibilidades de amasar fortunas. Cada uno trajo sus tradiciones y costumbres, de tal suerte que a mediados del siglo 19 era residencia de una diversa legión extranjera integrada por americanos, alemanes, austriacos, colombianos, cubanos, costarricenses, chilenos, españoles, ecuatorianos, escoceses, franceses, filipinos, griegos, italianos, ingleses, manilos, nicaragüenses, noruegos, portugueses, peruanos, suecos, suizos, turcos y, por supuesto, chinos (censo de población del distrito de Mazatlán/1891/El Correo de la Tarde).

Cultivo de opio

Los comerciantes europeos y españoles, comandantes de aquella sociedad que construyó una ciudad sobre un terreno que urbanamente parecía imposible, impusieron sus tradiciones en  la música, el consumo de cerveza, las corridas de toros, la ópera, el arte, la arquitectura y el vino Mariani, sólo por mencionar algunas. Tan envidiable vida transcurrió durante casi un siglo hasta que cientos de chinos abrieron tiendas por toda la ciudad, propiciando un  comercio muy competitivo que desplazó a las costosas importaciones europeas.

Los inmigrantes asiáticos llegaron en gran número a las costas occidentales de México en 1876, coincidiendo con el golpe de estado de Porfirio Díaz. Procedían principalmente de los condados Zhong Shan, Tai Shan, Xin Hui, Kai Ping, En Ping y Nan Hai, de la provincia de Guangdong. Trabajaron en los ferrocarriles que conectaban El Paso y la capital. Vivieron esparcidos en la Ciudad de México, Tampico, Mazatlán, Mexicali, Monterrey y Chihuahua, y se dedicaron a la agricultura, pequeña industria y comercio. A diferencia de alemanes, españoles, turcos e italianos, se establecieron en pequeños y versátiles locales, atiborrados de mercancías, que lo mismo utilizaban como negocio, vivienda y santuario, intercambiando mano de obra de familiares por hospedaje y comida.

Trabajador chino

Aunque se filtraron como la humedad en la economía mazatleca a partir de la segunda mitad del siglo 19, fue hasta 1898 cuando Manuel Yuen Chikan Fon (que antes se llamaba Fook Yu Ho Can), “ciudadano del imperio chino”, y Juan H. Yi y Li León Yuen registraron oficialmente el primer negocio chino en Mazatlán bajo la denominación “Sociedad Colectiva Mercantil Fon San y Cía”.

Representados y protegidos  por su líder moral Ramón Kooe, cientos de chinos que habían huido del hambre y la guerra registraron comercios que operaban de manera discreta y hasta clandestina. Según el censo oficial, solamente estaban registrados 19 chinos varones en 1891 que llegaron a bordo de un barco que cubría la ruta Panamá -San Francisco, con escala en el puerto).

Bajo el hecho verdadero de que los comercios chinos eran fumaderos de opio, pero principalmente por su efectividad comercial, se organizó la Liga Antichina en Mazatlán que se sumó al repudio nacional, soliviantado desde las esferas gubernamentales. Las acciones antichinas comenzaron en la década de1920 y tuvieron su auge en la década siguiente, culminando con la expulsión forzada de miles de asiáticos. Presionados por el comercio organizado y el gobierno, los chinos malbarataron sus propiedades a los voraces agiotistas y fueron obligados a dejar el país en pequeñas embarcaciones que surcarían las bravas aguas del Golfo de California que, según los autores de la infamia, se encargarían de “acabar con el mal”. No solamente salvaron la vida sino que llegaron a Mexicali, donde hicieron florecer el desierto y construyeron uno de los más importantes enclaves chinos en México.

Los chinos trajeron la semilla de amapola, la sembraron en sus huertos y el producto lo destinaron a su uso personal, pero la dejaron como legado de su paso por tierras sinaloenses. (Continuará)

Quinta parte
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