Portadas rojas
Las notas rojas en primera plana de los diarios no son un fenómeno nuevo en Mazatlán. Publicaciones ya desaparecidas como El Correo de la Tarde y El Día dieron cuenta de hechos violentos no sólo relacionados con el acontecer político (porfiriato, revolución, agrarismo, etc.) sino con hechos específicos del crimen local y estatal como asesinatos, violencia doméstica, riñas y demás. El entonces incipiente tema del narcotráfico no era la excepción. Ocasionalmente aparecía en primer plano y páginas interiores aunque tratado de una forma mucho menos detallada que en nuestros tiempos. Por tomar algunos ejemplos, podemos ver el periódico El Día que en el lapso de un mes (abril de 1937) presenta dos notas en las que menciona a dicha actividad delictiva. En la edición del día ocho se habla de una banda de traficantes de Cannabis detenidos, por el rumbo de la Loma Atravesada, en posesión de la “mercancía terrible”.
Días más tarde, el 14, se da cuenta de unos chinos capturados al norte de Culiacán quienes traficaban con la “fatídica droga”: el opio. Casi 40 años atrás, el 18 de Agosto de 1899, El Correo de la Tarde menciona los esfuerzos de la policía por acabar con el “asqueroso vicio” de “la pestilente yerba”: la marihuana. La redacción de estas notas muestra más indignación y reclamo que deseos de alarmar a los lectores u homenajear a quien incurre en dichos actos. Un tono diametralmente opuesto al de hoy. Es fácil apreciar la violencia como un tema recurrente en la prensa mazatleca no solo a últimas fechas. Ésta ha sido imposible de evadir ya que es una característica presente en nuestra sociedad hace cientos, quizá, miles de años. Desde los Xiximes (prehispánicos habitantes de la sierra concordense, presuntos antropófagos y bravos guerreros) hasta los cárteles de drogas fundados en nuestra tierra, el pueblo sinaloense ha vivido de cerca la naturaleza agresiva de sus habitantes según el contexto histórico en que les ha tocado vivir. Nuestra gente se ha distinguido por ser valiente, brusca, explosiva, de armas tomar. Partiendo de esta premisa, la nota roja en los diarios debe entenderse como una consecuencia natural a la realidad de la región.
Su existencia se justifica por el simple hecho de ser una noticia cotidiana y de interés general. Lo que ha resultado lamentable a últimas fechas es la manera de presentarla. Estamos ante un incremento exponencial de la explicitud y frivolidad con la que los medios impresos nos ofrecen la información. Hemos visto con naturalidad e indiferencia que la nota roja gane terreno no solo en páginas interiores sino en la cubierta de nuestros diarios “serios” (por usar un adjetivo). Si bien la multiplicación de hechos violentos ha sido el detonante principal para que la información policiaca haya aumentado en la prensa local, ésta no ha tenido el cuidado y ética suficiente para evitar que se tiñan de rojo sus portadas.
Con desgracia, hemos visto a los dos principales diarios locales seguir la línea del sensacionalismo gráfico y de encabezados según acostumbran tabloides y revistas amarillistas. Esta tendencia ha dado pasos agigantados hasta el punto de hoy presentarnos no solo textos alarmantes sino con frecuencia crudas imágenes de “encobijados”, cuerpos abatidos por las balas, automóviles “carraqueados” y demás.
Desde el punto de vista mercantil, el auge que vive este tipo de notas se justifica debido a la aceptación que tiene entre un amplio sector de la población. Es innegable que para que esta difusión tenga éxito debe existir una corresponsabilidad entre lectores y medios de comunicación. ¿Podrían los diarios revertir esta tendencia? ¿Romper el contubernio del que nos hemos hecho cómplices al condenar la violencia y su propagación, pero a la vez estar ansiosos de acceder a todo los detalles referentes a ella? Estoy seguro que sí. La violencia y el morbo existen y quizá nunca terminen, pero los medios tienen la gran oportunidad de, si no extinguir esta condición humana, por lo menos no promoverla.
Un buen comienzo sería la reducción de textos y supresión de imágenes relacionadas a la violencia en sus portadas. Esta propuesta en ningún momento sugeriría la eliminación total de la nota roja en los diarios “serios”. Como ya se mencionó, es de gran relevancia, pero haría bien en limitarse a su sección específica. La página frontal de los diarios se ha convertido en tierra fértil donde nuestro morbo echa raíz más gruesa cada día. Quisiera poder decirlo solamente en primera persona, pero resulta ser una condición generalizada en el ser humano. La Real Academia de la Lengua Española lo define como el “interés malsano por personas o cosas” o la “atracción hacia acontecimientos desagradables”. Hay una fuerza interior que nos inclina a sentir ese morbo hacia el chisme, el sexo, la violencia, y otros temas similares sin que nuestra personalidad per se pueda encasillarse con alguno de esos actos o prácticas. Las fotografías parecen ser el tema más urgente. Una carátula con imágenes de ésta índole es casi imposible de no voltear a ver (el mejor ejemplo: los voceadores en los semáforos). Está expuesta a lectores con el criterio suficiente para juzgarla y otros a quienes solo les causará efecto visual. Llama la atención, por igual, a analfabetas o intelectuales. A chicos y grandes. Fotos así taladran el subconsciente y, si bien son francas al mostrar la sociedad en que vivimos, al mismo tiempo distorsionan la verdad al crear una falsa sensación de normalidad. El uso indiscriminado del recurso policiaco penetra la psique y pone cada vez más altos los parámetros de asombro.
En aras de tener un verdadero compromiso con la verdad y los valores de nuestra sociedad, no deben ser los medios portavoces involuntarios (?) de la saña y el terror en que vivimos; difusores del desapego al valor de la vida misma. Este punto ha sido tocado ya varias veces por especialistas en la materia y se llega siempre a la misma conclusión: con el flujo tan libre y detallado de notas rojas en primera plana le estamos pagando la campaña publicitaria a la delincuencia organizada. Y peor aún, según la tendencia actual, la vida y obra de los grandes capos y grupos delictivos se propaga no solo en secciones Policiacas o Portadas, sino también a través de redes sociales y las criticadas Proceso y Forbes, ¿De acuerdo a esto qué seguiría? ¿La revista Expansión?
A manera de no encasillar esta propuesta en el rubro de la censura o iniciativa contra la libertad de expresión, no podemos aspirar a que nuestras autoridades promuevan u obliguen al cambio mediante la imposición. Al contrario, éste tendría que venir desde dentro de los medios, con un convencimiento del impacto positivo que la autocensura puede tener en su comunidad. ¿Qué mejor forma de servir a la región y a la patria que negando a tan perturbadoras imágenes el fácil acceso a los ojos ciudadanos?
Este cambio no erradicaría el morbo aunque le ofrecería menos accesible satisfacción. Tampoco terminaría con el terror y el crimen que hoy nos afligen. Lo que parece un hecho es que, por lo menos, tan gélida y gráfica presentación de la violencia no llegaría al lector en el justo momento en que abre o compra un periódico. De este modo, habría libre elección en cuanto a acceder a dicha información o no. Opción que no tenemos hoy. La violencia es un tema que nos concierne social, moral y psicológicamente. Por eso mismo, merece ser manejada con el cuidado debido.
Se debe ser consciente del impacto en la mente del ciudadano común y corriente ante tan libre flujo informativo. Un buen comienzo fue la condena a la llamada “Rumorología” que tanta sicosis ha causado en nuestro puerto. ¿Por qué no dar otro paso frontal hacía un cuarto poder más sustancial y menos sensacionalista? Reconsiderar la cantidad y forma de la nota roja en portada hablaría de una prensa local verdaderamente comprometida con su gente. Nos mostraría a una prensa sensata, independiente de las tendencias negativas que como sociedad nos aquejan y, lo más importante, nos alejaría del camino fácil del impacto visual para enterarnos y tratar de comprender la desoladora situación de seguridad pública en que vivimos.
Tadeo Hernández Kelly
Mazatlán, Sinaloa a 16 de Abril de 2010.
Serie: MEXICO NARCO 2010 (2 de 3)
