Los Valadés

Todos Somos Sinaloa 

MARIO MARTINI

Los Valadés

Periodistas, historiadores y académicos 

José Cayetano Valades

Los Valadés forman parte de una dinastía de pensadores y hombres nobles que cubrieron con su talento varias épocas de la historia de Mazatlán.

Algunos de sus miembros pusieron en riesgo la vida al enfrentarse a la tiranía o a la injusticia en cualquiera de sus formas.

También los hubo inspirados, como Fernando Valadés, cuyo romanticismo compitió en su tiempo con el éxito de Agustín Lara y dejó para la posteridad varias composiciones que aun perduran en el gusto de muchos mexicanos nostálgicos.

Otros optaron por tomar los caminos extraordinarios de la historia y, como don Miguel Valadés Lajarza, se impusieron la tarea de recuperarla para legarla a las nuevas generaciones.

Algunos más se inscribieron en la marina mercante y con su genética habilidad con las manos descubrieron un mundo nuevo en la industria naval.

Por supuesto, su firme ideología contra la injusticia arrojó mártires en esta familia que con firmeza se enfrentaron a la tiranía del porfiriato.

Fue precisamente José Cayetano Valadés, feroz crítico del gobernador Francisco Cañedo -compadre del presidente Porfirio Díaz y gobernador de Sinaloa durante 32 años-, quien murió asesinado por sus ideas en lo que se considera el primer asesinato contra la libre expresión de las ideas. José Cayetano enfrentó su firme pluma al enorme aparato de un gobierno represor.

Fue un talento precoz alentado por su padre y abuelo, quienes le permitieron participar en todo género de peroratas y polémicas. A los 18 años quiso acaudillar insurrecciones y obtener asiento de diputado. Pero como sus pocos años no lo protegían y su excepcional talento se convertía en tumultuosiadades, pronto ganó la filiación de oposicionista. Fue uno de los primeros que en Sinaloa formó parte del bando de Porfirio Díaz, incitando con valor ciego a la rebelión contra el gobierno de Benito Juárez.

Con los años y la madurez adquirió una enorme capacidad de reflexión y después de haber fundado y cerrados tres periódicos por inocuos, según su apreciación, reabrió por tercera vez La Tarántula, tribuna indoctrinaria que hacía honor a su nombre: lograba emponzoñar el ambiente político, sobre todo cuando avivaba la hoguera en torno al gobernador Cañedo que gobernó como representante típico del porfiriato, otorgando privilegios a los ricos y extranjeros, sometiendo a explotación al pueblo de Sinaloa. En esa época hubo muchos crímenes políticos en personas que se oponían a la dictadura, destacando el asesinato del periodista José Cayetano Valadés que ocasionó la comparecencia de Cañedo ante la Congreso Estatal que, sometido a los deseos del gobernante, lo absolvió.

El periodista, liberal y revolucionario, fue apuñaleado en la esquina del callejón del Ángel y la calle Principal, en el centro de Mazatlán, la noche del 27 de enero de 1879, después de haber visitado a su novia. Un sujeto embozado le cayó por la espalda y le asestó varias puñaladas mortales. El cuerpo del periodista cayó desangrando sobre la banqueta del Bazar de la Pipa de La familia Maxemin.

En la víspera del crimen orquestado desde la cúspide del poder político, el periodista había publicado en su Semanario La Tarántula los detalles de su inminente muerte y culpó directamente al gobernador Cañedo.

Más tarde se aprehendió a Nicolás Zazueta, autor del crimen, quien confesó haber recibido instrucciones del ex prefecto de Culiacán Francisco M. Andrade. Una carta de su archivo personal revela que el gobernador Cañedo sentía repulsión por las publicaciones de La Tarántula, “donde se derrama toda la hiel, todo el veneno de los rencores personales sólo para satisfacer innobles pasiones”.

La muerte del periodista encendió los ánimos de la población del puerto que salió enardecida a las calles a clamar justicia por el asesinato y a manifestarse en contra de la abusiva política fiscal del gobierno del estado. El gobernador se encontraba en el puerto atendiendo algunos asuntos en la casa de gobierno, ubicada en Olas Altas y Calle Guelatao (hoy Ángel Flores).

Los comerciantes, a quienes Cañedo les había impuesto alcabalas exageradas, cerraron sus negocios y marcharon con la turba para exigir justicia por el crimen del periodista y principalmente porque se oponían a la política fiscal del gobernador.

Hay algunas versiones no comprobadas que aseguran que el gobernador huyó disfrazado de mujer, abriéndose fuego entre la multitud que pretendía lincharlo. Lo cierto es que durante mucho tiempo no regresó a Mazatlán.

La Tarántula

Al día siguiente, doña Dolores Delgado reimprimió La Tarántula, periódico que inspiró a otros a ejercer un periodismo crítico contra la injusticia y la dictadura.

Francisco Valadés Félix recogió la antorcha de su tío José Cayetano y en reuniones que organizó en su hogar, en el puerto de Mazatlán, fustigó con la fuerza de sus ideas al viejo régimen que se resistía a aceptar como legítimo el pensamiento de los sinaloenses que se rebelaban en contra de Porfirio Díaz y de sus seguidores incrustados en las esferas del poder.

A estas tertulias convocadas para hombres libres y pensantes asistían los escritores Heriberto Frías, Amado Nervo y José Juan Tablada, entre otros. Fue en una de esas reuniones clandestinas donde Francisco Valadés Félix sentenció: frente a una dictadura sorda, con la imbecilidad que le confiere el prolongado uso y abuso del poder, que sólo reacciona a la fuerza, vamos creando esa fuerza fortaleciéndola con nuestras ideas que no deben cobijarlas cuatro paredes; vamos a editar un periódico que las propague al pueblo.

Fue así como nació El Correo de la Tarde, periódico de combate que se editó en la imprenta que Miguel Retes instaló en Mazatlán. Desde su primer número, con Heriberto Frías de director, el periódico se convirtió en vocero del liberalismo sinaloense y enemigo de la dictadura porfirista.

Constituido como un órgano para defender los intereses de los comerciantes del puerto, El Correo de la Tarde fue un diario que obtuvo la simpatía y preferencia del público por el pluralismo ideológico de sus colaboradores.

La línea editorial del periódico estuvo custodiada siempre por el interés económico de los comerciantes hasta que el boticario convenció al rico empresario Andrés Avendaño para adquirirlo, constituyendo la empresa Valadés y Compañía Sucesores.

Valadés amplió su botica e inauguró la Droguería Central, donde también instaló el periódico. De tal suerte que el diario, la farmacia, los talleres de grabado y encuadernación y rayados de papel quedaron instalados en un hermoso edificio de tres pisos sobre la calle Principal, construido por el ingeniero Francisco Guarneros, esposo de Cristina Ferrel, prima de don Francisco Valadés.

Liberales los nuevos dueños, bajo la dirección inicial del propio Valadés, abrieron las puertas al pensamiento progresista y crítico. Así, llegaron poetas consumados, intelectuales, literatos y políticos que vertieron sobre el papel sus ideas de justicia, libertad y democracia. Entre los que se contaban Esteban Flores, Manuel Bonilla, José Berúymen, Amado Nervo, Martiniano Carvajal, Vicente González Valadés, José Ferrel, Juan Sarabia, Ángel Beltrán, Jesús Gómez Flores y Manuel Manzo. Muchos de ellos llegaron a ser secretarios de estado, poetas consumados, periodistas de gran prestigio o eminentes críticos literarios.

Siempre con la buena disposición de don Andrés Avendaño, Valadés puso al día al diario en cuanto a maquinaria. Primero adquirió una gran prensa mecánica, luego una moderna rotativa y más tarde abrió el taller de grabado. Los ricos liberales de Sinaloa constituyeron la piedra angular de la fuerte institución periodística.

Sólida la empresa, Valadés entendió que necesitaba una cabeza de prestigio para dirigir el diario. Trató por todos los medios de convencer a Jesús Flores Magón y, ante su rechazo, trabó negociaciones con Juan Sarabia, un poeta de pluma incandescente que en ese momento se preparaba a viajar al extranjero para armar la revolución.

Finalmente obtuvo la disposición de Heriberto Frías, un queretano de exuberante talento, ex oficial del ejército que, perseguido por sus ideas y por haber publicado una novela contra la milicia, se perdía en la ya cosmopolita ciudad de México.

A la muerte de Francisco Cañedo en 1909, el rico hacendado Diego Redo -apoyado por Ramón Corral y José Ives Limantour- trató de prolongar el viejo régimen en Sinaloa; sin embargo, se alzó en abierta oposición el licenciado y periodista José Ferrel Félix, primo hermano de Francisco. El Correo lanzó abiertamente la candidatura de Ferrel a través de la organización del Club Democrático Sinaloense y fijó su postura a favor del maderismo.

Pero la fuerza del engaño heredada de Cañedo facilitó el fraude electoral y de esa forma Diego Redo fue declarado gobernador de Sinaloa el 27 de septiembre de 1909.

Su triunfo resultó efímero, pues renunció el 21 de mayo de 1911, cuando el país ardía en llamas en plena revolución maderista. Pero sólo un año le basto a Redo para cobrarle al diario la factura. Presionó a los accionistas para que abandonaran la empresa. La familia Tarriba fue la primera en desertar.

. Para evitar daños mayores a la sociedad, Valadés, ya con la salud quebrada por viejos males, se separó voluntariamente de la empresa. Su nombre, como el de Heriberto Frías, siguió apareciendo en el directorio durante los siguientes 5 años pero ninguno de los dos tuvo que ver con la línea editorial.

Francisco Valadés Félix mantuvo su trinchera activa por varios meses, a pesar de la abierta hostilidad y acoso del gobierno de Redo, pero finalmente fue superado por sus enemigos y abandonó Sinaloa.

Años más tarde, con el advenimiento del régimen encabezado por Madero, Valadés vivió de cerca los acontecimientos sucedidos en la ciudad de México, a donde había ido a residir en compañía de su familia y a continuar trabajando en favor de la instauración de la democracia para el pueblo mexicano; sin embargo, la muerte lo sorprendió a la edad de 36 años.

Cuando los maderistas entraron a Mazatlán, los jefes revolucionarios se dirigieron directamente a la casa de don Francisco Valadés para rendirle un homenaje a su viuda.

A decir de su hijo, el historiador José C. Valadés, “…aquella escena mi madre la tuvo siempre como el premio más alto de su vida…”

José C. Valadés Rocha fue diplomático, historiador, periodista y maestro universitario.

Nació el 1 de diciembre de 1889 en Mazatlán, Sinaloa. Fue hijo del periodista Francisco Valadés Félix, editor del periódico El Correo de la Tarde, y sobrino nieto de otro apóstol del periodismo de combate: José Cayetano Valadés, ambos opositores a la dictadura porfirista y cañedista.

Estudió en St Vicent College, en los Ángeles, California, EUA, y en la Escuela Nacional de Homeopatía en México. Fue oficial del Estado Mayor del General Ramón F. Iturbe (1915). Constituyó y dirigió el periódico “Juventud Mundial”, uno de los indicadores de la Organización Juventud Comunista Mexicana (1919), fue fundador y secretario general de la Confederación General de Trabajadores (1921) y secretario del Buró Latinoamericano de Sindicatos Rojos (comunista). Colaboró como secretario particular de Ezequiel Padilla.

El padre de José, era hijo del médico Juan Jacobo Valadés, uno de tantos valientes defensores del puerto de Mazatlán durante el ataque del ejército expedicionario francés durante la guerra de intervención. Además, en calidad de médico auxilió a la población civil a resistir las epidemias a la que el puerto fue tan vulnerable a fines del siglo XIX, dada la carencia de médicos, hospitales y medicinas.

Juan Jacobo tenía una acendrada formación liberal, semejante a la de su hermano José Cayetano Valadés, director de La Tarántula, asesinado en Mazatlán en 1879 por órdenes del gobernador Francisco Cañedo en virtud de las críticas agresivas que hacía al régimen porfirista.

A la muerte de su padre, José C., recogió la tradición familiar y se convirtió en periodista tenaz y temerario, al igual que su padre y su tío abuelo. Fue un enemigo jurado de toda forma de opresión emanada de un falso ejercicio del poder público.

El joven rebelde participó en la formación de distintas organizaciones sociales de corte radical. Figuró entre los fundadores del grupo de Jóvenes Igualitarios que se dio a conocer en enero de 1920, asimismo fue fundador y director del periódico Juventud Mundial.

Fue promotor de la organización Juventud Comunista Mexicana (agosto de 1920); secretario general de la Confederación General de Trabajadores (1921) y secretario del Buró Latinoamericano de la Tercera Internacional (1922). Se separó del Partido Comunista Mexicano en 1925.

Asimismo, fue uno de los dirigentes de la huelga de inquilinos de la ciudad de México. Habiéndose incluso convertido años más tarde en el alma de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, movimiento político que apoyó la candidatura presidencial del general Miguel Henríquez Guzmán.

Dirigió la revista Ya, impartió la cátedra universitaria Historia de México y se desempeñó como embajador en Líbano, Siria e Irak (1951-1953), Colombia (1953-1959), Uruguay (1957), Portugal (1963-1966) y Marruecos (1966).

De su prolífica y vasta obra escrita, destaca la Revolución Social o motín político”, “Breve historia de la guerra con los Estados Unidos”, “Las caballerías de la revolución o hazañas del General Rafael Buelna”, “La Burla Política”, “Bibliografía del anarquismo en México”, “Las memorias de Don Adolfo de la Huerta”, Topolobampo, la metrópoli socialista de Occidente”, “El pensamiento político de Benito Juárez”, “Santa Anna y la guerra de Texas”, “Maximiliano y Carlota”, “Historia de un régimen”, “Historia del segundo Imperio”, “El Presidente de México”, y “La Revolución Mexicana” (en 10 volúmenes), entre muchas otras.

En 1944, volvió a Mazatlán donde editó El Correo de Occidente. Por sus ideas mantuvo una enconada lucha en contra del gobernante Pablo Macías Valenzuela, tras acusarlo de ser el autor intelectual del asesinato del gobernador Rodolfo T. Loaiza. El conflicto culminó con el cierre de su diario.

Decepcionado, Valadés orientó sus inquietudes hacia la docencia y la diplomacia.

Murió en la ciudad de México, el 24 de enero de 1976.

Siguiendo los pasos de su familia, don Miguel Valadés ingresó al periodismo como fotógrafo del legendario Correo de la Tarde en su última época.

Le tocó tomar las fotografías del asesinato del gobernador Rodolfo T. Loaiza que circularon por todo el país.

Más tarde encontró su vocación en la construcción de lanchas deportivas de fibra de vidrio y ya con una economía desahogada se dedicó a investigar la historia de Mazatlán.

Fue nombrado Cronista de la Ciudad, posición desde donde pudo recuperar parte de la arqueología del Sur de Sinaloa y hacer un catálogo fotográfico de la flora de la región.

Durante varios años participó en la televisión local, difundiendo sus hallazgos.

Su importante archivo histórico fue donado al Tecnológico de Monterrey.

Hermano de don Miguel,Fernando Teodoro Valadés Lejarza nació el primero de abril de 1920 en la casa familiar ubicada en la calle Guelatao (hoy Ángel Flores) número 160, hoy 410 altos. Sus padres fueron don Carlos Valadés Cobos, originario de la Paz, Baja California Sur, y la señora Esther Lejarza, natural de La Noria, sindicatura del municipio de Mazatlán.

A sus tempranos 3 años de edad sufrió una congestión a consecuencia de una leche adulterada con formol, lo que le produjo una parálisis de medio cuerpo.

Jamás pudo recuperar la movilidad en las piernas y transitó de por vida en una silla de rueda.

Sus estudios iniciales los hizo en la escuela primaria número 7 de su pueblo natal. Más tarde descubrió su fascinación por el piano con su maestra Caritita Quintanilla y su vocación de compositor con el profesor Juan Valle.

Fernando compuso muchas canciones antes de enfrentarse al éxito nacional en 1959 con la composición Asómate a mi Alma, dedicada a su esposa Lucila Valdés de Valadés y a sus bellas hijas. Esta canción alcanzó los primeros lugares de popularidad en todo el país.

Entusiasmado por el éxito, logró colocar consistentemente en las listas de popularidad sus canciones Por qué no he de llorar?, dedicada a su madre recientemente fallecida; Cántale al mar; El Diccionario; Aquella Tonadita; Perdóname si puedes; Regalo del Cielo y muchísimas más que grabó para el sello RCA Víctor que entonces dirigía su paisano Mariano Rivera Conde, quien impulsó a talentos sinaloenses como el propio Fernando, Cruz Lizárraga y el trovador del campo Luís Pérez Meza.

A lo largo de su carrera compuso más de 190 canciones que se escucharon con delirio en todo México, Centro y Sudamérica durante la década de los 50’a y 60’a. En su recorrido artístico por el cono sur solamente le faltó visitar Brasil y Chile.

En una de sus muchas giras, tuvo la mala suerte de estar en Santo Domingo cuando estalló la revolución que derrocó al dictador Trujillo. Fue rescatado por fuerzas norteamericanas y llevado a un portaviones que lo puso a salvo de la revuelta. Su familia no tuvo noticias de él durante más de 40 días.

En otra ocasión, al aceptar una invitación de su hermano el capitán Adrián Valadés a recorrer un buque de la armada japonesa, escuchó por las bocinas del barco su canción El Diccionario, traducida al japonés. Nunca recibió un centavo de regalías por este plagio.

Murió en la ciudad de México el 14 de diciembre de 1978. Dejó al morir 13 hijos: Alma, una de las reinas más guapas y simpáticas que ha tenido el Carnaval de Mazatlán; Lucila, Marina, Esther, Rosario, Lupita, Leticia, Conchita, Fernando, Eduardo, Manuel, Guillermo y Sergio.

Diego Valadés, hijo del historiador José C. Valadés (Mazatlán: 19011976), nació el 8 de mayo de 1945 en Mazatlán, Sinaloa.

Es licenciado en Derecho por la Universidad de Classica de Lisboa (1963-1966) y por la Universidad Nacional Autónoma de México (1967-1969).

Obtuvo el Doctorado en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid (1996-98).

Ha consagrado su carrera profesional a la docencia e investigación en la Universidad Autónoma de México, ocupando cargos relevantes como auxiliar del primer curso en derecho civil en la Facultad de Derecho (1968-1969); profesor de las materias de Ideas e Instituciones Políticas y Sociales I, II y III, en el Departamento Académico de Estudios Generales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (junio a diciembre de 1971).

Fue profesor de Historia Constitucional en México en a Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (1971-1974), de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho (1974-1981), de la materia Poder Legislativo en el Posgrado de la Facultad de Derecho de la UNAM, Semestre (1999-2003).

Impartió el tema ‘Régimen parlamentario y régimen presidencial’, dentro del Diplomado “Sistema Político y Reforma del Estado mexicano”, módulo El sistema político mexicano, Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, México (agosto de 2003)

Fue profesor de la Unidad Académica de Posgrados Internacionales; Escuela de Posgrado de la Ciudad Argentina y de las Universidades de El Salvador, París I Pantheón Sorbonne, Carlos III de Madrid y Complutense de Madrid (marzo de 2005)

Ha desempeñado varios cargos administrativos, tales como Subjefe del Departamento de Radio, Televisión y Grabaciones (1972); Miembro de la Comisión Técnica de Legislación Universitaria (enero-junio de 1973); Director General de Difusión Cultural (1973-1976); Director de la Revista de la Universidad (1973-1976); Miembro de la Comisión de Becas (1973-1976); Presidente de la Comisión Técnica de Estudios y Proyectos Legislativos (enero de 1977 a marzo de 1979); Abogado General (1977-1980); Secretario del Tribunal Universitario (1977-1980); Miembro de la Comisión Editorial (1973-1976 y 1981); Miembro de la Comisión de Administración Interna de la Universidad (1973-1981); Coordinador de Humanidades (1981): Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas (a partir de septiembre de 1998 hasta la fecha).

Recibió las distinciones académicas Mención honorífica en el examen profesional y Premio extraordinario por la tesis doctoral.

Paralelamente a su actividad académica, ha desempeñado varios cargos en la administración pública, como Secretario del Comité de Apoyo a la Coordinación de los Servicios de Salud por parte de la Coordinación General de Estudios Administrativos de la Presidencia (1981); Coordinador Auxiliar Jurídico de la Coordinación de los Servicios de Salud. Presidencia de la República (Septiembre de 1981 a noviembre de 1982); Miembro de la Comisión Consultiva Intersecretarial del gobierno federal (1983); Miembro Suplente de la Comisión Nacional Coordinadora de Puertos (1983); Director General de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobernación (lo. de diciembre de 1982-31 de mayo de 1984); Presidente de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas (lo. de diciembre de 1982-31 de mayo de 1984); Vocal Propietario del Consejo de Administración de Promoción y Desarrollo Industrial, S. A. de C.V. (Marzo de 1983 – mayo de 1984); Miembro de la Comisión de Estudios Turísticos de la Administración Pública Federal (Enero de 1983 mayo de 1984); Subsecretario de Regulación Sanitaria. Secretaría de Salubridad y Asistencia (lo. de junio de 1984 – 28 de febrero de 1985); Diputado Federal de la LIII Legislatura (1985-1988); Director del Instituto de Investigaciones Legislativas de la H. Cámara de Diputados (lo. de septiembre de 1985 30 de abril de 1986); Secretario General de Gobierno del Estado de Sinaloa (1987-1988); Embajador de México en Guatemala (mayo – diciembre de 1988); Coordinador General Jurídico del Departamento del Distrito Federal (diciembre de 1988 – marzo de 1991); Secretario General de Coordinación Metropolitana del Departamento del Distrito Federal (diciembre de 1988- marzo de 1991); Procurador General de Justicia del Distrito Federal (junio 23 de 1992-enero 10 de 1994); Procurador General de la República (enero 10 de 1994- mayo 14 de 1994); Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (mayo 15 de 1994-enero 1º de 1995)

Ha destacado también en la investigación y tiene varios trabajos publicados en libros y revistas especializadas. También colabora regularmente en varios diarios de circulación nacional.

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Categoria: Patria Intima