Joe Conde
LA PATRIA INTIMA
MARIO MARTINI
JOE CONDE
BOXEADOR
Entre los mexicanos contemporáneos bendecidos por la fama está José Alejandro Petrie Conde, mejor conocido en el mundo de fistiana como Joe Conde. Nació para el box, vivió para el box y hasta antes de morir soñaba poéticamente con el box que concibió como una mezcla de arte, ciencia y ternura. Dedicó los mejores años de su vida a dar brillantez al boxeo nacional y se le proclamó como el Caballero del Ring por sus excepcionales condiciones de gentileza y corrección, dotes muy poco comunes entre los cultivadores del viril deporte de los puños.
Vino al mundo en el hermoso puerto de Mazatlán el 3 de septiembre de 1911. Su padre fue Jaime Petrie, natural de Escocia, y su madre doña Manuela Conde de Petrie, bella dama de la mejor sociedad sinaloense con orígenes en el poblado de La Noria, al norte del puerto mazatleco. Don Jaime era ingeniero e instaló la planta de energía eléctrica en Mazatlán. En 1914, cuando los revolucionarios sitiaron la ciudad, su padre, en compañía de Margarito su arañero, fue a la planta de luz desafiando las balas y dejó al puerto a oscuras para salvarlo del ataque de los rebeldes que venían al mando de Álvaro Obregón, Ramón F. Iturbe y Ángel Flores. La maniobra retrasó la toma del puerto hasta el día siguiente y cuando Flores supo de esta acción ordenó el fusilamiento de Roberto el güilo Conde, cuñado de don Jaime, con quien el general sostenía una vieja enemistad. No hubo poder humano para convencer al sanguinario general y el 19 de marzo, el día del santo de su madre, Roberto fue al paredón en presencia de su familia y recibió el tiro de gracia en los brazos de la autora de sus días.
La enemistad de Flores tenía su historia: antes de unirse a la revolución, el general fue cargador en el muelle de Mazatlán y llevaba mercancías a la tienda El Bazar de la Pipa, de los hermanos Maxemín, uno de los cuales estaba casado con doña Josefina Conde, hermana del güilo. Por la diferencia social y el trato despótico de la familia Conde, Flores incubó odio contra todos, pero principalmente contra el güilo que le restregaba su condición humilde. Temerosa de que Flores asesinara a la familia, doña Manuela convenció al esposo de refugiarse en San Francisco, California, donde llegaron en un barco de guerra norteamericano. Además de los padres, viajaron Ernestina de 13 años y Manuelita de 9, hijas del primer matrimonio de doña Manuela que al quedar viuda contrajo matrimonio con el ingeniero escocés, y los hijos de ambos Jimmy y Joe de 6 y 3 años de edad.
Cuando Joe cumplió la edad escolar fue inscrito en la escuela Emerson del puerto californiano, donde empezó a pelar desde los 8 años contra los compañeritos que lo llamaban mexican greasser (mexicano grasoso), dándose a respetar con los puños en poco tiempo. Su hermano Jimmy tenía 16 años cuando su íntimo amigo Nacho Galván, boxeador profesional, lo invitó a que lo acompañara al gimnasio para verlo entrenar. Jimmy se entusiasmó tanto que empezó a practicar el box. Un día Joe los miraba entrenar en el patio de su casa y lo invitaron a boxear. Se calzó los guantes y Nacho, de rodillas, boxeó con el chico. De ahí partió su afición por el boxeo, la que su madre desaprobaba rotundamente.
A la semana del fallecimiento de su padre, Joe, que para entonces estudiaba en la Hamilton Junior High School, consiguió empleo fijo en una botica de la cadena Schumet’s Drugs Store y a escondidas practicaba boxeo. Sin que su madre lo supiera, sostuvo su primer combate en peso mosca en el Park Atlhetic Club. Ganó el encuentro por KO y recibió como recompensa una copa de plata. Luego pasó al Olimpic Club, donde el irlandés Spider Morphy era el maestro y a quien el mazatleco no le simpatizaba.
En una ocasión encontró a Spider entrenado y le dijo: -¿Qué le parece si hacemos un round de entrenamiento?- No, le dijo el entrenador burlándose del muchacho: -tu eres muy duro no quiero que me vayas a pegar-. Ante la insistencia del muchacho de 16 años, el entrenador aceptó y se pusieron los guantes. Todos los que estaban en el club se acercaron a verlos entrenar. Cuando Murphy empezó a tirar golpes, Joe le conectó un tremendo gancho y lo derribó. Para despertarlo hubo que echarle un balde de agua. Un espectador entusiasmado le regaló un billete de 10 dólares. Fue aquél el primer pago por pelear.
La fama del mazatleco circuló rápidamente. Young Corbett, campeón de la costa del Pacífico, peso welter, mandaba a su entrenador por Conde en un carro Cadillac, a esperarlo a la salida de clases para llevarlo al campo de entrenamiento para ayudarlo como sparring, ya que Joe tenía el estilo de su futuro contrincante, Jackie Fields, con el que disputó el título mundial. El zurdo Corbett no tuvo problemas para ceñirse la corona y siempre le estuvo muy agradecido al mazatleco por sus servicios. Al cumplir 18 años fue declarado boxeador profesional. Sostuvo su primera pelea con Marcial Zúñiga y perdió por decisión. Desde ese encuentro, cambió su apellido Petrie por Conde y usó como escudo una calavera blanca en el calzoncillo.
Su madre enfermó y el médico recomendó que regresaran a Mazatlán, pues el clima y el nivel del mar serían benéficos para el corazón de doña Manuelita. En la recepción que les hizo la abuela, Joe conoció a su prima Josefina, una muchacha muy guapa que estaba comprometida con Poncho Tirado, un joven muy querido en la región que administraba el ingenio del Guayabo y la vinata de La Palma, negocios familiares bastante redituables. Como a los 8 días, Joe supo que a su mamá le gustaba Josefina como nuera. Poncho visitaba a la muchacha todos los días, pero a la llegada de Conde empezó a rechazar sistemáticamente rechazó las invitaciones del novio para ir al cine, argumentando que tenía compromiso con su tía y primo para ir a pasear. -Cuando acabes de atender a tu primo, le dijo Poncho, mándame avisar para que vuelva-. Pero nunca volvieron a verse porque Josefina partió hacia San Francisco, donde años más tarde se reencontró con Joe para casarse el 30 de enero de 1932.
Debido a la elegancia para vestir, siempre con una gardenia en el ojal, y fino estilo para boxear, los mazatlecos, siempre dispuestos a liquidar la fama ajena, comenzaron a poner en duda la virilidad del pugilista. Enterado del infundio, buscó al promotor de box Luciano Chano Gómez Llanos para que arreglara una pelea con Mike Herrera y así callarle la boca a los maledicentes. La profusa publicidad que se hizo del encuentro llegó a los oídos de doña Manuelita, quien a partir de entonces comprendió que el boxeo era el destino de su hijo consentido y finalmente aceptó la suerte del destino.
Joe venció a Mike Herrera y cuando regresó a su casa, acompañado de un grupo de amigos, doña Manuelita lo esperaba feliz y tenía dispuesta una gran bandeja de cervezas heladas y licores. Así lo acostumbró cada que su hijo peleaba. Conde sostuvo varias peleas más en Mazatlán en la categoría de peso gallo, antes de enfrentarse a Manuel Villa, campeón ligero de la república. El combate se escenificó en el teatro Rubio, hoy Ángela Peralta, que se llenó hasta la bandera.
En los primeros asaltos, el campeón tundió al Dandy, pero el mazatleco aguantó la candela y en el quinto round le conectó un derechazo en la mandíbula que derrumbó al campeón. Cuando empezó el sexto round, Villa fue directo por Joe quien lo recibió con un tremendo derechazo a la quijada. El teatro se convirtió en un manicomio, todo mundo invadió el ring y cargó en hombros al nuevo campeón nacional y así lo llevó hasta su casa que estaba a 6 calles del recinto.
Entre 1929, año de su regreso a Mazatlán, y 1931, venció a tres campeones de México: Kid Pancho, Chicho Cisneros y Manuel Villa. También derrotó al campeón ligero de California, Joe Ortega. Otro de sus contrincantes fue Raúl Talán, a quien venció en cuanto encuentro sostuvieron. Después vinieron peleas con un boxeador conocido como el Espontáneo que había noqueado a su hermano Jimmy, y a quien Joe derrotó en venganza, y con Kid Joe, un negro mañoso al que el mazatleco noqueó en el cuarto round. Luego sucumbieron ante sus puños Kid Plaza y el zurdo Mike Woolsey, el tigre del ring.
Instalado en Mazatlán para acompañar a su madre, recibió un comunicado de su apoderado en Estados Unidos, Paddy Ryan, quien lo invitó a que viajara a San Francisco para proseguir con su carrera deportiva. Antes de partir enfrentó al Pelón Ontiveros en un encuentro muy dudoso, pues Joe lo derribó y al momento en que le aplicaban la cuenta se fue la luz y el peleador noqueado pudo recuperarse y en un fallo muy dudoso le dieron la victoria por decisión.
El Dandy regresó a la ciudad de México en 1932 para vencer por decisión a Chucho Nájera -ídolo de la afición capitalina-, a Manuel Villa, al francés Henri Ferret, a Charly Paady Sullivan y a Marcial Zavala, entre otros. El 11 de febrero de 1933 enfrentó al campeón nacional pluma Chicho Cisneros, a quien derrotó por decisión después de tirarlo en el séptimo episodio. Chicho fue campeón durante 4 años y había rehuido enfrentarse a Conde, quien al derrotarlo se ciñó otra corona a los 22 años de edad.
Era común que Joe llegara a la arena vestido con traje de casimir inglés, bombín y bastón con empuñadora de oro y daga, regalo de su abuela, acompañado de Fritz, un pequeño perrito salchicha que le regaló el dueño de la cervecería El Pacífico, de Teddy, un changuito tití color mostaza que el peleador compró en un barco proveniente de Panamá, de La Chilindrina, una perrita fox terrier o de Bobby, un feroz bull terrier que atacaba a quien se acercaba al peleador.
Al campeonato le sucedieron varias peleas que el mazatleco despachó con eficacia y contundencia, pero su primer descalabro importante ocurrió el 24 de febrero de 1934 en la Arena Nacional cuando perdió por decisión el título nacional pluma a manos de Juan Zurita. El 7 de julio de 1934 Conde y Zurita volvieron a enfrentarse en un extraordinario combate que a todos los jueces les pareció un empate; sin embargo, el referí dio su fallo a favor del campeón Zurita.
Corría la década de los 30′a cuando surgió esta rivalidad entre El Dandy Conde, el Chango Casanova y el jalisciense Zurita, glorias nacionales del boxeo que protagonizaron encuentros memorables. Los tres disputaron la corona nacional de peso pluma en el Palacio Chino de Iturbide y Burcareli, que en aquella época funcionó como cine y Arena Nacional y más tarde se convirtió en la Arena Coliseo.
Rodolfo El Chango Casanova Núñez, guanajuatense nacido en 1915 que emigró a la capital para recorrer los más diversos giros del ambulantaje hasta ser conocido como el nevero de la Lagunilla, seguía cosechando triunfos y siempre llenaba de bote en bote la Arena Nacional, pues era infalible y superior a todos. Como durante toda su carrera nadie había noqueado a Conde, los promotores vieron una gran oportunidad de enfrentar a dos peleadores que llenaban las plazas, uno en el ring side y el otro en las populares galerías.
Después de perder los primeros 3 rounds, debido a la falta de concentración por la hostilidad del público de galerías, Conde advirtió que Casanova abría su guardia al momento de tirar el gancho izquierdo. En el cuarto asalto, lo cruzó con un derechazo a la mandíbula que mandó al Chango a la lona. El ídolo de las multitudes se levantó para recibir tremendo castigo e ir de nuevo a la lona de manera definitiva. El público no creía lo que estaba viendo. La arena parecía una casa de locos. En las tribunas fanáticos de ambos púgiles se trenzaban a puñetazos. El 7 de septiembre de 1935, volvió a pelear con el Chango, ahora por el título de peso pluma, pero en esta ocasión perdió por decisión.
Más tarde se enfrentó al negro Henry Armstrong, el torbellino negro al que todos los púgiles mexicanos rehusaron enfrentar, incluyendo a Zurita y Casanova. El norteamericano, dueño de un amplio repertorio de mañas y quien sería años más tarde triple campeón del mundo, le dio una paliza al mazatleco que fue parada en el séptimo asalto por el doctor Bolaños Cacho, quien con su oportuna decisión impidió que el Dandy recibiera más castigo en los ojos. A partir de ese combate, Conde desarrolló cataratas y empezó a sufrir dolores de cabeza. La revancha se produjo el primero de enero de 1936 en El Toreo. Conde castigó al torbellino negro en todos los episodios. En el noveno lo derribó y el negro logró levantarse a la cuenta de 9. Conde ganó ampliamente por decisión. Meses más tarde Armstrong obtendría su primer título mundial.
La noche del sábado 20 de marzo de 1937 volvieron a enfrentarse el Dandy y Casanova por el trono de los ligeros, ahora en el nuevo local de la Arena México, inaugurado un mes antes. Apenas un minuto duró la pelea concertada a doce episodios. De un fulminante derechazo Conde mandó a la lona al ex-nevero, quien por el golpe estuvo a punto de tragarse el protector bucal. Caminó de rodillas hasta la cuerda inferior y volvió a caer noqueado completamente. El 20 de noviembre de 1937 Conde repitió la dosis y lo noqueó en el primer round.
El Chango odiaba a Conde porque lo consideraba demasiado presumido. No aceptaba que un boxeador paseara por los gimnasios vestido de traje inglés, acompañado de sus perritos finos atados a una cadena de oro. Pero lo que más detestaba era oírlo hablar en inglés. Conde se dio cuenta de eso y lo aprovechó en el ring. Desde la primera campanada insultaba en inglés al ex-nevero, quien enfurecía y perdía el control. Cuando lo tuvo enfrente por primera vez, el Chango se sintió avasallado por sus ojos incisivos y su sonrisa burlona. Nadie supo cuáles fueron las fibras que le movió. ¿Era el calzoncillo negro adornado con una calavera blanca, o el casimir inglés, el delgado bastón, la gardenia pálida que Conde se colocaba en el pecho al salir de la arena o que le hablara en inglés?
-Indio ignorante -le dijo el recién llegado durante su primera pelea. Y luego le espetó ásperas palabras en inglés. Nadie había podido noquearlo hasta entonces. Inseguro y con lágrimas en los ojos, el nevero falló golpe tras golpe. Cayó en el cuarto round y escondió la cara entre los guantes. Conde le quitó el cinturón nacional dos veces más y se convirtió en su pesadilla, su infierno exclusivo y particular. Casanova no quiso volver a saber nada de Conde.
Con Zurita -campeón mexicano de peso ligero- se enfrentó en 9 ocasiones y en todas salió victorioso el jalisciense, quien sin embargo nunca pudo noquear al mazatleco. Se decía que Zurita era un gran boxeador técnico pero no tenía poder en los puños El chango se enfrentó seis veces a Zurita, de las cuales ganó cinco: tres por KO y dos por decisión. Perdió una por un contundente knock out en el tercer round. Dos meses después, vengó su derrota noqueando a Zurita en seis. Más tarde buscó el título mundial frente al puertorriqueño Sixto Escobar, quien le dio una paliza que lo metió en una profunda depresión y borrachera que le duró 3 o 4 meses. Rescatado del vicio por un militar que lo idolatraba, el 15 de septiembre de 1934 Casanova se reconcilió con el público y bajó del ring convertido en el nuevo campeón nacional pluma, arrebatándole el cetro a Juan Zurita. Sin embargo, un acendrado alcoholismo lo llevó nuevamente al fracaso, a la derrota y a la muerte.
El único de los tres que llegó a campeón mundial fue Juan Zurita que conquistó la corona de peso ligero. Aquella memorable noche del 8 de marzo de 1944, en el Legión Stadium de Hollywood, California, ganó la primera corona mundial para México derrotando en 15 rounds a Sammy Argot, hasta esa noche campeón de peso ligero reconocido por la Asociación Nacional de Boxeo (NBA).
A diferencia de Conde que supo administrar su carrera y sus ganancias, Casanova terminó su carrera en 1938 en medio de derrotas, deudas y alcohol. En 1950 lo declararon El Mejor Boxeador del Medio Siglo y después se le entregó el trofeo Ídolo de Todos los Tiempos. Sin embargo, el hombre que cimbró toda una época murió en absoluta soledad, pobre y olvidado.
Después de recibir dos balazos en una disputa de cantina y perder cada día la visión, Conde se retiró del boxeo –por recomendaciones del doctor Bolaños Cacho- la noche del sábado 11 de septiembre de 1943, a sus 32 años cumplidos, Joe –quien se impuso como estrella a cuatro generaciones de boxeadores en 500 peleas durante 17 años, pero que nunca tuvo opción de pelear por un título mundial por no prestarse a los turbios negocios de los promotores de box- se despidió en la Arena Coliseo ante miles de aficionados al boxeo, incluyendo a sus críticos, que abarrotaron el escenario de su última pelea frente al púgil español Carmelo Fenoy. La despedida fue grandiosa, apoteótica, única, pues no se tiene noticia en la historia del box de nada comparable. Todo el público unió las manos en un aplauso cariñoso, mientras la orquesta tocaba El Quelite y Mazatlán. El Dandy, embargado por la emoción y casi ciego por la catarata y las lágrimas, perdió la última pelea de su vida.
Murió en la ciudad de México el 3 de abril de 1996, a los 85 años de edad. Le sobrevivió hasta el año 2009 su segunda esposa Elda Peña Muñoz, una guapa yucateca con la que vivió enamorado durante los últimos 35 años de su vida.
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